LA OBSESIÓN DEL EMPERADOR
Sin embargo, perderlo todo no le había dolido, tampoco había sufrido con la insurrección de su gente, lo que a Leone le seguía carcomiendo el alma era su negligencia a su primera esposa y a ese pequeñito que debió ser el siguiente emperador pero que murió porque no supo proteger a quien debía.
“¿Te arrepientes?”
Unas palabras apenas audibles viajando en el viento le hicieron pensar que al final, antes de morir en completa soledad, se volvería completamente loco. Pero no, no se arrepentía, y lo dijo cuando el viento volvió a preguntarle si se arrepentía.
“Entonces hazlo mejor”
Farfulló el viento, golpeándolo con brutal fuerza, provocando que en su interior todo estallara por el exceso de aire