Amada Mia
Veo a mi esposo bajar a la sala, esta bien vestido con un camisa polo de botones, su cabello negro despeinado y esa barba creciente lo hace ver jodidamente caliente, el Jeans negro ajustado a su figura.
Oh será posible que me excite con sólo verlo. No puedo creerme, soy una pervertida.
—Apuesto que me estas maquinando desnudo y tocando cada parte suave de tu piel.
—¡Dios mío Armando! Estamos desayunando, no seas sucio— Exclamo atragantándome con el pan.
Ríe a carcajadas al ver mi situación bochornosa.
—Señores disculpe, pero la madre de la señora Carime está al teléfono.