El Velo de la Venganza
Su mano, apoyada en el brazo de la silla, estaba tan tensa que los nudillos se le pusieron blancos.
Las emociones en sus ojos ya no se podían ocultar. Finalmente, se transformaron en un odio avasallador.
Él pensaba que era un cazador solitario, sin saber que yo, su supuesta presa, era otra persona sedienta de venganza.
En ese momento, su celular personal, que estaba sobre la mesa, comenzó a sonar de forma inesperada.
El nombre en la pantalla: Rafael.
Un destello frío cruzó por los ojos de Leonardo. Contestó la llamada y activó el altavoz.