Licantropía
Caminamos fuera del bar, Yusuf y Rolo se quedan a distancia para no entrometerse, Dieter se ve molesto, me ve con el ceño fruncido intimidandome, no sé cómo empezar, me siento recién salida de un sopor pesado y agotante.
—¿Entonces?—, me pregunta insistente.
—Yo…— no sé por dónde empezar, me arden los ojos, las lágrimas quieren salir y de repente siento ese vómito verbal que lucha en mi garganta —yo asalté la camioneta de valores que terminó en llamas en la zona industrial, fui yo y mis compañeros de la corte de los milagros, yo me dedicaba a eso, yo… yo asaltaba, yo embaucaba a la gente, timaba personas… todo por dinero— su rostro se vuelve una mueca de sorpresa y después de frustración.