La vida que no fue
Navarro y Luca se quedaron en la puerta, en silencio, como testigos.
Lombardi no le habló como un amante arrepentido, sino como un médico profesional.
—Sé por qué me trajiste, Luca —dijo Lombardi, dirigiéndose al italiano con una voz firme—. Amelia, necesito que sepas que todo lo que pasó mientras estabas en coma... la situación de Emilio, de la mujer que lo contactó, el niño... fue el resultado de una venganza personal. Una venganza nacida del odio que mi exesposa, Ivanka, sentía por ti y por mí.