Arrodíllate y pídeme perdón, mi esposo orgulloso
Porque cuando estos dos meses terminaran y el tiempo de mi exilio voluntario se cumpliera, la mujer rota, herida y traicionada que iba en este vuelo desaparecería para siempre de la faz de la tierra.
Regresaría al país más fuerte, más fría, más calculadora y más letal que nunca antes en mi vida. Reconstruiría mi muralla de hielo, pero esta vez la haría de acero inquebrantable. Y entonces, cuando volviera a poner un pie de regreso, ni Cristian Smith, ni la perra de Samantha, ni nadie estarían preparados para la implacable, meticulosa y sangrienta venganza que iba a caer sobre sus cabezas. Les iba a enseñar, de la manera más dolorosa posible, lo que sucede cuando intentas destruir y subestimar