Tabú: Ataduras y Pecados
Intentando, en vano, controlar la respiración.
El silencio solo se rompió con el suave sonido de una notificación.
Al otro lado del campus, Luna se apoyaba en su propio coche. La luz del atardecer pintaba reflejos rojizos en la carrocería, y ella miraba la pantalla de su celular como quien escribe no un mensaje, sino un segundo capítulo.
Sus dedos tecleaban con precisión, sin vacilar.
«Gracias por la consulta.