Un Trato Con La Bestia
—¡Atenea, por Dios!
—Por Dios te pidió yo que me dejes ir y ya no sigas haciéndome daño —apunta cortando mis palabras antes de que termina de hablar.
—Está bien, has lo que te venga en gana, pero te advierto de una vez que yo no pienso firmarte el divorcio, yo no te he engañado, además ningún abogado, ni siquiera el imbécil Miguel Robinson, te ayudara a tramitarlo mientras lleves a mi hijo en tu vientre —sentencio y le doy la espalda para volver a mi despacho.