Sorpréndeme
De verdad me daban ganas de estrangular a esta mujer, después de todo aquí estoy ayudándola y ella me trata peor que a un perro, aún así no me moví.
—¿No entendiste?—se tocó el puente de la nariz—. GRA-CI—AS. Ya te puedes ir. Bye...Bye... Chao... Au revoir, sayonaraaaa...
Descolocado como nunca en mi vida, la miré.
Nunca, en toda mi vida una mujer se había desecho de mí con tal descaro y, aunque quería marcharme, algo dentro de mí me pedía quedarme. Estaba completamente loco, esto contradictorio que sentía debía ser una broma.