Seduciendo al amor
— Entonces, bajemos— dijo ayudando a qué se levantara de su silla.
Después subieron hasta sus habitaciones y una vez dentro Merritt dijo:
— Quiero hablar un poco contigo.
— ¡Claro, cariño!— exclamó ella.
— Eleanor, durante todos éstos años que hemos estado casados, he aprendido a conocerte— le dijo con una media sonrisa.
— ¿Y a qué viene esto?— preguntó ella extrañada.
— Se que eres un volcán en el sexo, que te mueve más el dinero que el amor— continuó Merritt— que sientes un gran cariño por mi, pero amor romántico, no hay.