Tabú: Ataduras y Pecados - Fetiches
¿qué harías?
La pregunta flotó, cargada. Ana no respondió, pero su cuerpo sí: muslos apretándose, respiración pesada. Se sentaron más cerca, piernas apoyadas, el calor de sus cuerpos mezclándose en el aire pesado. El olor a sudor era opresivo ahora, un hedor de deseo reprimido. Ana cerró los ojos por un momento, fantaseando con él agarrándola ahí mismo, rasgando su ropa, metiéndole la polla hondo en su coño hambriento. Marcos, sintiendo la vibra, pensó lo mismo: "Esta zorra está en celo. Si esto dura, me la voy a follar entera".