Sin Salvación
Pobre de mí, borracho, con la cabeza pesada y sin fuerzas, ¿acaso no podía ni siquiera zafarme de una mujer?
—Venga a mi habitación, allí le ayudo a despejarse.
Su voz volvió a sonar en mi oído, ¡esta vez cargada de seducción!
Mi corazón se heló al instante.
Rayos, ¿de verdad quiere acostarse conmigo?
—No, hombres y mujeres no deben... Paula, Alba, ¿alguien puede venir a buscarme?
Presintiendo el peligro, llamé a Paula y los demás.