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Accidente y Boda Exprés con el CEO

Accidente y Boda Exprés con el CEO

De camino a ver a mi novio, que seguía haciendo horas extras, sufrí un fuerte accidente de tránsito. Lo llamé decenas de veces, pidiéndole ayuda, pero no respondió ni una sola vez. A lo lejos, el edificio de su empresa seguía iluminado, con las luces encendidas, como si nada hubiera pasado, y la desesperación terminó por devorarme. Cuando desperté en el hospital, vi una publicación de una subordinada suya: “¿Qué hacer cuando tu jefe te regaña en plena madrugada?” La imagen mostraba el reflejo de ambos en el vidrio de una puerta. La cercanía entre ellos era tan evidente que claramente había cruzado los límites de una relación laboral normal. Sin darme por vencida, volví a llamar a Alfonso González. Esta vez, por fin contestó. Con la voz quebrada, apenas logré decir: —Alfonso, tuve un accidente de auto. —Paula, ando ocupado —respondió con frialdad—. Haré que mi asistente se encargue, ¿de acuerdo? Sé buena, ¿sí? Cuando termine este viaje de trabajo, regresaré para acompañarte. Intenté seguir hablando, pero su grito interrumpió todo: —¡Bárbara! ¿Te vas con una sola maleta? ¿Y entonces por qué traes tres? ¿Piensas irte de vacaciones o qué? Bárbara Garza era la nueva pasante que Alfonso acababa de contratar. Miré el teléfono. La llamada ya se había cortado, y las lágrimas ya estaban secas en el rostro. Luego marqué otro número: —Acepto el matrimonio arreglado.
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Justicia Carmesí: Muerte de una Pequeña Loba

Justicia Carmesí: Muerte de una Pequeña Loba

Mi madre nunca me creyó, viéndome siempre como una cachorra mentirosa. En mi manada, cada cachorro llevaba un Collar del Juramento de Luna, donde el color rojo indicaba mentira y el blanco la verdad. El collar de mi hermana siempre brillaba con una luz blanca y suave; aun si fingía estar enferma para librarse de un examen, el color mantenía su tenue resplandor. En cambio, el mío era completamente distinto, ya que, incluso cuando de verdad estaba enferma, se encendía con un rojo intenso. En el cumpleaños de mi hermana, mi madre organizó un banquete junto a la hoguera para toda la manada. Justo antes de salir, un dolor punzante me partió la cabeza y me desplomé al suelo mientras le suplicaba que me ayudara. Por un segundo, estuvo a punto de levantarme en brazos. Entonces mi collar se iluminó de rojo. —¿Hasta finges que te mueres para arruinar el cumpleaños de tu hermana? Qué niña tan cruel. Luego se fue con mi hermana y me dejó tirada, provocando que muriera sola sobre el suelo frío; sin embargo, al volver a abrir los ojos, descubrí que mi alma ya no habitaba mi propio cuerpo. Mi alma siguió a mi madre mientras yo susurraba la verdad que ella nunca había creído. —Mamá… no mentía. Sí me morí. Y cuando por fin encontraron mi cuerpo, el collar rojo que llevaba al cuello seguía destellando.
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Mi ex novia, su esposa, mi amante

Mi ex novia, su esposa, mi amante

De la nada, mi novia me soltó que se había hecho un retoque íntimo y que también se había tatuado. Con las mejillas ardiendo, me juró que lo había hecho solo para que yo disfrutara más. Al día siguiente, preparé un caldito casero y fui a su oficina para darle una sorpresa, pero el golpe me lo llevé yo: estaba ahí, muy acaramelada en brazos de Lucas, mi mejor amigo. Lucas le recorría la cintura con la mano y decía con voz ronca: —Qué sumisa me saliste. Te pedí el tatuaje y el retoque y fuiste corriendo a hacértelo. Mi tonto amigo cree que fue para él... ¡qué idiota! Si supiera que te vas a casar conmigo, se caería muerto ahí mismo. Su voz se tornó gélida al responder: —Lo nuestro es solo un matrimonio por conveniencia. Te lo advierto: ni se te ocurra que Marcos se entere de esto, ¿me oyes? Lucas soltó una risita cínica mientras recorría su cuerpo con la mano, bajándola lentamente. —Tranquila, preciosa. Mientras me tengas bien contento, no le buscaré broncas a ese pobre diablo. Detrás de la puerta, sentí cómo se me congelaba la sangre. Apreté el celular con rabia, mientras las palabras de mi jefe sobre la opción de un traslado me daban vueltas en la cabeza. Sin dudarlo más, le envié un mensaje: "Jefe, acepto el puesto. Solicito mi traslado a la sede de Marla para dentro de tres días."
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Haré que se arrepienta de esto

Haré que se arrepienta de esto

El día en que hubo un intento de asesinato contra el Don, mi esposo, el jefe de seguridad de la familia Russo, estaba ocupado apaciguando a su amante, quien había perdido los estribos y se había marchado. No lo llamé para pedir ayuda, sino que usé mi propio cuerpo como escudo para proteger al Don a pesar de que estaba en mi octavo mes de embarazo. En mi vida pasada, mi esposo dejó atrás a su amante y regresó con su equipo de soldados para salvar al Don después de que yo le pedí ayuda por teléfono. Mi esposo terminó salvando al Don y la familia lo recompensó con un ascenso, pero su amante murió en el proceso. Aunque mi esposo no dijo nada al respecto, me arrojó al tanque de tiburones el día en que estaba en labor de parto. Yo estaba cubierta de sangre cuando lo miré en busca de una respuesta. Sin embargo, lo único que hizo fue mirarme con frialdad. —¿Por qué tuviste que hacerme salvar al Don cuando él tenía tantos otros soldados para protegerlo? ¡Me obligaste a regresar porque eres una mujer interesada que solo busca fama y fortuna! ¡Si no hubiera sido por tu llamada telefónica, Aurora no habría muerto! ¡Debes pagar por todo lo que ella sufrió! Terminé siendo despedazada por los tiburones, y ni siquiera el bebé que llevaba en mi vientre se salvó. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día del intento de asesinato contra el Don.
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Se Casó por Un Reto y Me Perdió

Se Casó por Un Reto y Me Perdió

Después de que Seraphina perdió en un juego de verdad o reto, mi prometido fue al Registro Civil y se casó con ella. Lo llamé cuarenta y siete veces. Al final, la única respuesta que recibí fue una captura de la historia de Instagram de Seraphina. En la foto, Seraphina y Vincenzo Ferraro mostraban un acta de matrimonio recién expedida. Ella sonreía como si hubiera ganado. Él llevaba la camisa blanca que yo le había planchado esa misma mañana y le pellizcaba la mejilla como si aquello fuera lo más normal del mundo. Un minuto después, Vincenzo me llamó. —Elena, no hagas esto más grande de lo que es. Fue solo un juego. Dame treinta días. En cuanto me divorcie de ella, nos casamos como lo habíamos planeado. Creyó que iba a perdonarlo, como siempre lo había hecho durante los últimos tres años. Pero esta vez no lloré. No hice ningún escándalo. Solo le di "me gusta" a la historia de Seraphina y le respondí: "Felicidades". Fui a nuestro departamento a dejarle el anillo de compromiso y después desaparecí de Ciudad Aurelia. Él creyó que solo era un arranque mío. Solo cuando ya no pudo comunicarse conmigo y su gente me buscó por toda la ciudad sin encontrarme, por fin entró en pánico. Pero él no tenía idea: la Elena que lo amaba murió en el momento en que se casó con otra mujer.
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Amante En La Sombra

Amante En La Sombra

Pasé tres años enamorada de Santiago Mendoza, el mejor amigo de mi hermano. Él jamás quiso hacer pública nuestra relación. Pero nunca dudé de su amor. Después de todo, tras haber estado con 99 mujeres, desde que estaba conmigo ni siquiera miraba a otras. Incluso si solo era un simple resfriado, él dejaba proyectos de millones de dólares en el acto y volaba a casa para cuidarme. Llegó mi cumpleaños. Feliz, me preparaba para contarle a Santiago que estaba embarazada. Pero por primera vez, se olvidó por completo de mi cumpleaños y desapareció sin dejar rastro. La sirviente me dijo que había ido al aeropuerto a recibir a alguien muy importante. Me dirigí al aeropuerto. Allí lo vi, con un ramo de flores en las manos y el rostro tenso, esperando a una joven. Una joven que se parecía mucho a mí. Más tarde, mi hermano me contó que ella era el primer amor que Santiago nunca podría olvidar. Santiago se enfrentó a sus padres por ella, y cuando ella lo dejó, perdió la cabeza y buscó 99 parecidas para sobrellevar el dolor. Mi hermano lo dijo con admiración, conmovido por lo profundo que podía ser Santiago. Lo que no sabía era que su propia hermana era solo una más entre esas sombras del pasado. Los observé a los dos durante un largo, largo rato. Luego, di media vuelta y volví al hospital. —Doctor, no quiero tener a este bebé.
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Luna de Miel: el Precio del Esposo

Luna de Miel: el Precio del Esposo

Mi esposo, Alejandro Montoya, el presidente del grupo, creyó que los tres meses de frialdad calculada que, por iniciativa propia, me impuso finalmente habían dado resultado, cuando se enteró de que yo había cedido voluntariamente un proyecto millonario a su asistente favorita. Convencido de que ya me había “domado”, propuso llevarme a Nordella para nuestra luna de miel. Pero cuando Sofía Vega, la asistente a la que más consentía, se enteró, los celos la desbordaron y armó un escándalo, amenazando con renunciar a la empresa. Mi esposo, que siempre la había consentido, entró en pánico. Después de pasar tres días y tres noches atendiendo sus caprichos, usó un viaje de negocios como excusa para cancelar nuevamente nuestra luna de miel y entregarle el otro boleto a Sofía. Mas tarde, me explicó todo con total indiferencia. —El amor y los sentimientos son cosas sin importancia, lo importante es el trabajo. Como jefe, debo poner a la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposa, deberías apoyarme, ¿no? Miré el celular, en el último estado de Sofía, aparecía una foto de ambos, con las cabezas juntas y las manos formando un corazón, como una pareja enamorada. No dije nada, solo asentí. Alejandro creyó que me había vuelto comprensiva y madura. Quedó muy satisfecho e incluso prometió que, al regresar al país, me compensaría con una luna de miel aún más romántica. Lo que no sabía era que yo ya había presentado mi renuncia. Y que él mismo había firmado, hacía tiempo, el acuerdo de divorcio. Entre él y yo, ya no existía ningún futuro.
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La "Viuda" Huyó con Su Cachorro

La "Viuda" Huyó con Su Cachorro

Después de que mi compañero, Regulus Thornfield, muriera en un “accidente”, su hermano gemelo, Lawrence Thornfield, tomó su lugar como Alfa. También nos heredó a mí y a mi cachorro, Niall Thornfield. La nueva Luna, Alice Moreau, me ve como una espina clavada en su costado. No desea otra cosa más que exiliarnos de la manada a Niall y a mí. Una noche, fui al despacho para pedirle a Lawrence que nos permitiera marcharnos de la manada, a Niall y a mí. Pero entonces escuché a su Beta preguntarle: —Alfa Regulus, el que murió en el accidente fue su hermano. ¿Por qué dijo que el muerto había sido usted? Se oyó el sonido de los nudillos de Regulus golpeando el escritorio. —En aquel entonces, el consejo de ancianos me obligó a marcar a Leah. Pero la loba a la que he amado todo este tiempo siempre ha sido Alice. Además, Leah ya tiene un cachorro. Si no fingía mi muerte, la que se quedaría sin nada sería Alice. De pie al otro lado de la puerta, sentí cómo mis uñas se clavaban en mis palmas. Así que mi propio compañero estaba dispuesto a fingir su muerte y abandonar a su propia familia solo para poder volver al lado de la loba que realmente amaba. Al amanecer, dejé una solicitud de traslado sobre el escritorio del consejo de ancianos. —Mis bienes personales son suficientes para criar a mi cachorro. Además, me niego a ser la tercera en discordia en una relación. Por favor, déjennos salir de la manada.
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Me perdiste, hermanastro

Me perdiste, hermanastro

Cuando tenía diez años, mi madre se casó y entró en la familia Corleone, y yo la seguí hasta esa casa. Antes de que Vincent Corleone aprendiera a odiarme, alguna vez me había tratado como a una verdadera hermanita. Después, se convirtió en la persona que más daño me hizo. Él creía que mi madre había llevado a la suya a la muerte, y desde ese día se aseguró de que yo pagara por ello. Humillaciones, desprecio, crueldad… nunca me ahorró nada. Entonces Leo Moretti, el amigo más cercano de Vincent, me confesó que me amaba. Pensé que era mi salida. Sin embargo, me equivoqué. La mañana después de entregarle mi primera vez, lo escuché hablar con Vincent detrás de una puerta entreabierta. —Conseguí las fotos de su primera noche —dijo Leo en voz baja—. ¿De verdad vas a hacerlas públicas? La voz de Vincent fue tan fría que me heló la sangre. —Ella le debe una vida a mi madre. Si no puedo cobrársela de esa forma, entonces me aseguraré de que pague de otra manera. Quiero verla destruida. Fue en ese momento cuando lo comprendí: la ternura había sido falsa, y el amor… una trampa. El hombre en quien más había confiado había estado esperando desde el principio para destruirme. Lo que ellos no sabían era que, dos semanas antes, yo ya había recibido una invitación del profesor Evans, del instituto internacional de investigación médica más importante del mundo. Así que esta vez fui yo quien se marchó primero. Y nunca pensaba volver.
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Donde el amor me dejó vacía

Donde el amor me dejó vacía

El día en que Rosa, el amor de mi esposo, enferma terminal, dio a luz a su hijo, mis suegros contrataron a diez guardaespaldas para vigilar la sala de partos y asegurarse de que yo no apareciera a hacer un escándalo. Pero la verdad es que nunca fui. Mi suegra, Melina, le tomó la mano a Rosa conmovida: —Rosa, mientras estemos nosotros aquí, ¡Fiona jamás podrá hacerte daño a ti ni a tu bebé! Mi esposo, Benito Cruz, con ternura en la mirada, la acompañaba durante el parto, secándole el sudor de la frente. —Tranquila, mi padre está con su gente en la entrada del hospital. Si Fiona se atreve a venir, la sacamos en el acto. Al ver que pasaban las horas y yo no aparecía, por fin se tranquilizó. Para él no tenía sentido pensar que yo fuera capaz de armar una escena. Solo quería cumplirle a Rosa su último deseo: ser madre antes de morir. ¿Por qué yo me empeñaría en arruinarlo? Cuando escuchó el llanto del recién nacido en brazos de la enfermera, no pudo evitar sonreír con alivio. Pensó que, si al día siguiente yo iba a disculparme con Rosa, se olvidaría de todas nuestras peleas. Incluso estaba dispuesto a dejar que yo criara al niño como si fuera mío. Lo que él no sabía era que, en ese mismo instante, yo acababa de entregar mi informe en la ONU. En una semana iba a renunciar a mi nacionalidad para unirme a Médicos Sin Fronteras. Y desde entonces jamás volvimos a vernos.
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