La Estrella Perdida
La cara de mi madre se torció al instante, mientras se ponía de pie de un salto.
—¡Antes se moría por quitarle todo a Vanessa! ¿Cómo diablos iba a mandar regalos? ¡Sáquenlo de una vez, esas casas dan mala suerte! ¡No pueden arruinar la boda de Vanessa!
Mauricio también frunció el ceño, y, con un gesto de asco, dijo:
—Olvídenlo, mejor ni lo vean, de todas formas no es nada bueno, sigamos con la boda.