Pues, Fuiste Mi Tío Para Siempre
En realidad, yo también te amo, solo me negaba a admitir esos sentimientos.
—Diana, ya entendí mi error. Vuelve, por favor.
Se acostó sobre la almohada de Diana, las lágrimas claras resbalando por su rostro, repitiendo “lo siento” una y otra vez en su mente.
Aspiró el tenue aroma que quedaba en la funda, como si ella aún estuviera cerca.
Pero la cruda realidad le gritaba que ella realmente se había ido.
—Diana, ¡te encontraré incluso si tengo que recorrer el mundo! Nuestra boda no ha terminado, no permitiré que te vayas así.