Detrás de las mentiras
En aquel entonces, mi compañera de la universidad me advirtió:
—Un hombre divorciado no es confiable, no seas tan ingenua en creerlo todo.
Pero yo respondía con firmeza:
—Lucas no es como los demás, él sí me ama de verdad. Ya sé lo que vas a decir, que un hombre tan exitoso nunca está solo, que siempre hay mujeres rondándolo. No importa, estoy preparada. Le dije que, aunque llegue a tener aventuras, mientras me lleve en el corazón, yo lo voy a perdonar. Nunca pensé que después de entregarle siete años de mi juventud, lo único que recibiría sería un corazón destrozado.