CONDÉNAME Y ADÓRAME
Solo vencé tu miedo y sé directa.
Y mientras cruzaba la habitación, yo observé sus ojos dorados, su habitual mirada de completo dominio. Y cuando llegó a mí y bruscamente me quitó las manos del pecho para que la toalla cayera al suelo, mirando mi desnudez con ojos hambrientos, me dí cuenta de otra cosa. A veces olvidaba que Demián era más que un hombre enamorado, era sombra fría en un mundo frío: un asesino, traficante, millonario, un tipo poderoso y un hábil estratega de las guerras sucias. Un mafioso.