Hubiera Sido Mejor Nunca Haberte Conocido
La cuarta, la quinta.
Cada motivo era más absurdo que el anterior, pero Adrián siempre caía en su juego.
En estos meses hablé con él una y otra vez. Incluso llegué a hacer escenas, igual que Marina.
Pero cada vez, él solo me observaba con el rostro inexpresivo, me regalaba bolsos de marca y al final me tomaba de la mano, con voz suave:
—Isabela, no te culpo por ser impulsiva. Pero tienes que entender que ahora debemos poner a la Marina en primer lugar.