El alfa cruel y su inocente luna falsa
Lanzaba aullidos de dolor; su pelaje se desprendió por completo de su piel, dejándola ennegrecida, llena de pequeñas burbujas de agua que explotaban en pus sangriento.
Franco supo que no olvidaría esa imagen jamás en lo que le quedaba de vida. La canción del Cuervo seguía resonando y contrastaba con los terribles y agónicos gritos del pobre muchacho que se consumía en el agua hirviente. Y entonces, el líquido comenzó a subir como la leche hervida y comenzó a derramarse por el borde del caldero. Cuando aquella agua golpeaba el fuego, este cambiaba de color: verde, amarillo, negro, púrpura, hasta que, después de una última tonada, las alas de la criatura se sacudieron y gritó una última palabr