Deseo Enfermizo
Estamos hechos el uno para el otro.
Miré nuestro retrato y, en efecto, nos veíamos muy bien juntos. Una pareja elegante y bella que despertaría la envidia de muchos, solo que yo no pensaba al igual que Julen. Ahí, bajo su escrutinio y su sonrisa perversamente hermosa, no podía dejar de ver el infierno en el que me había arrastrado sin poder evitarlo. No podía ver más que mi dolor y todo el sufrimiento en mi mirada, pero que se escondía demasiado bien por un falso sentimiento.
Sin siquiera prever, pensé en mi esposo y en lo mucho que deseaba que fuera su rostro el que estaba mirando y no el de un desconocido y enfermo mental.