Morir de amor
Mi vida es un huracán, es arrasada y muchas veces no tengo fuerzas ni para sostenerme, para poder seguir de pie.
Gabriel me sostenía, mientras que Ramiro me empujó al centro de ese huracán, para que pueda ser despedida lejos, tan lejos que terminé en una bolsa negra.
Sin poder evitarlo, mis lágrimas caen.
Estoy perdiendo el control, mi corazón está herido.
Trato de aferrar mi sentimientos al ángel de la guarda que me protege.
Cierro los ojos, tratando de sentir la suavidad de los besos de Gabriel, pero son otros besos los que vienen a mi mente, son otros besos los que me acechan.