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La Heredera Olvidada que lo Recuperó Todo

La Heredera Olvidada que lo Recuperó Todo

Las drogas desaparecieron durante una de las transacciones de nuestra familia, y todos sabían que era culpa de mi media hermana, Emily. Actualmente, nuestros rivales exigían que les enviáramos a alguien para ellos mantenerlo cautivo hasta que se pagara la deuda, por lo que mi prometido y mi familia, estuvieron de acuerdo en que debía ser yo. —Emily ya se lastimó en la misión. Tú eres más fuerte, por tanto, puedes aguantar mientras encontramos una solución —dijo él. Yo sabía que aquel momento llegaría, así que firmé mi nombre. En cinco días, me iban a enviar lejos, por eso decidí que no importaba lo que pasara, si vivía o moría, ya había terminado con mi familia y mi prometido. En esos últimos días, di todo lo que tenía. ¿El casino? Para mi media hermana, que siempre lo había mirado con envidia. ¿Mi cuenta corriente? Para mi padre, que nunca perdía la oportunidad de recordarme lo inútil que era. ¿El anillo de compromiso? De vuelta a ese hombre que era tan falso. Ellos no notaron nada raro, solo sonrieron, contentos por lo atenta que había sido repentinamente. ¿Seguirían sonriendo así cuando se dieran cuenta de que me fui para siempre y de que su frágil Emily sería su perdición? ¿Seguirían estando tan contentos?
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Más que una Muñeca de Silicona

Más que una Muñeca de Silicona

Entrada la noche, me encontré con la hija del dueño en la tienda de artículos eróticos, con la luz apenas encendida. Se estaba complaciendo a sí misma. Tenía los ojos vendados, las piernas abiertas sobre el sillón tántrico, cada una apoyada en un brazo del sillón, perdiéndose en el placer. Hasta que el sillón falló. Se retorció hasta ponerse colorada, incapaz de soltarse, y tuvo que pedir ayuda. —Ayúdame... Me agaché y pasé los dedos por sus muslos, sus pantorrillas y la cara interna de sus muslos. —No te muevas. Este sillón es complicado. Necesito revisarlo bien primero. —Por... por favor. La observé ir del pudor al deseo, hasta que se quebró y dejó de luchar. —Dámelo. Dame todo lo que tienes. En ese instante, desde afuera llegó el sonido del dueño al abrir la puerta. La empujé detrás de los estantes. Ahí descubrí una muñeca de silicona idéntica a ella.
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De Donna Olvidada a Doctora Libre

De Donna Olvidada a Doctora Libre

Antes de darme cuenta, me había convertido en la mujer invisible que vivía a la sombra de mi esposo, Adrian Kane, el Don de la mafia. Era un ama de casa ahogada entre quehaceres, mientras él se lucía con su secretaria, Viola, diez años menor que yo. —Viola es muy capaz —dijo Adrian una vez—. Ella sí sabe cómo ayudarme. Aquella noche se cumplía nuestro décimo aniversario. Vi un elegante vestido de diseñador y un collar sobre la mesa de la sala. Por un segundo, me sentí feliz. Pensé que Adrian por fin había decidido llevarme a la gala anual de la mafia y presentarme oficialmente como su Donna. Pero el vestido y el collar eran para Viola. Más tarde, esa misma noche, los descubrí entrando a escondidas. Adrian y Viola estaban borrachos, toqueteándose como si yo no existiera. Hice una sola llamada. —Quiero unirme a una misión de Médicos Sin Fronteras. Asígnenme a un lugar lejos de aquí. Antes de casarme con Adrian, yo tenía toda una carrera médica por delante. Pero lo dejé todo por él. Ahora era momento de elegirme a mí misma y dejar atrás todo lo que, en realidad, nunca fue mío.
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Mi Vecina Madura Se Atoró En La Lavadora

Mi Vecina Madura Se Atoró En La Lavadora

Esa atractiva mujer estaba atorada en la lavadora. Se retorcía con incomodidad, suplicándome ayuda, y yo capté el mensaje al instante. Con una mano le jalé el cabello largo y con la otra la sujeté... Justo cuando todo estaba a punto de ponerse interesante... La celosa y bella estudiante irrumpió de repente, anunciando que ella también quería unirse al juego...
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El Precio De Salvar A Mis Verdugos

El Precio De Salvar A Mis Verdugos

Para salvar a los tres lobos más importantes de mi vida, mi hermano, mi prometido y mi mejor amigo, hice un trato con la Diosa de la Luna. Cambié mi vida por la de ellos. Si lograba que cualquiera de ellos me quisiera realmente en un plazo de cinco años, podría seguir viviendo. Pero en el último día de la cuenta regresiva, los tres seguían sintiendo rechazo hacia mí. Según las reglas, había fracasado. Mi vida estaba a punto de ser borrada. —¿Podría enviar un último mensaje? ¿Un intento final? Quizá por lástima, la Diosa me concedió esta última oportunidad. Ese mensaje era mi última carta. Presioné el botón de audio en nuestro chat grupal, luchando para mantener la voz firme. —¿Podrían quererme aunque sea un poco? En serio, me voy a morir. Después de un momento de silencio, se escucharon sus risas crueles. “Harías lo que fuera para competir con Lidia por atención, ¿verdad?” “Déjate de mentiras. Esto solo hace que te odiemos más.” “Si estás tan desesperada por morirte, pues hazlo de una vez.” Misión fallida. Les di exactamente lo que querían. Pero cuando estuve a punto de morir, todos entraron en pánico.
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OJO por OJO, A Tu Hija Me La...

OJO por OJO, A Tu Hija Me La...

—¡Tavo, esa es mi hija! ¿Dónde crees que estás metiendo la mano? En el bar, mi colega Octavio se pasó de copas y confundió a mi hija con una de las edecanes. Octavio le sobaba el muslo y casi le metía la mano debajo de la falda. Lo más absurdo era que mi hija parecía estar muerta de ganas, como si disfrutara que le hiciera eso. Volteé y vi a la hija de Octavio. Sus pechos enormes casi le reventaban la blusa. Pues si así están las cosas, no me culpes por meterle mano a tu hija.
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Justicia Carmesí: Muerte de una Pequeña Loba

Justicia Carmesí: Muerte de una Pequeña Loba

Mi madre nunca me creyó, viéndome siempre como una cachorra mentirosa. En mi manada, cada cachorro llevaba un Collar del Juramento de Luna, donde el color rojo indicaba mentira y el blanco la verdad. El collar de mi hermana siempre brillaba con una luz blanca y suave; aun si fingía estar enferma para librarse de un examen, el color mantenía su tenue resplandor. En cambio, el mío era completamente distinto, ya que, incluso cuando de verdad estaba enferma, se encendía con un rojo intenso. En el cumpleaños de mi hermana, mi madre organizó un banquete junto a la hoguera para toda la manada. Justo antes de salir, un dolor punzante me partió la cabeza y me desplomé al suelo mientras le suplicaba que me ayudara. Por un segundo, estuvo a punto de levantarme en brazos. Entonces mi collar se iluminó de rojo. —¿Hasta finges que te mueres para arruinar el cumpleaños de tu hermana? Qué niña tan cruel. Luego se fue con mi hermana y me dejó tirada, provocando que muriera sola sobre el suelo frío; sin embargo, al volver a abrir los ojos, descubrí que mi alma ya no habitaba mi propio cuerpo. Mi alma siguió a mi madre mientras yo susurraba la verdad que ella nunca había creído. —Mamá… no mentía. Sí me morí. Y cuando por fin encontraron mi cuerpo, el collar rojo que llevaba al cuello seguía destellando.
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El Don perdió la memoria y a mí

El Don perdió la memoria y a mí

Mi prometido, Elio Santoro, era el Don de la familia Santoro, una de las cinco familias mafiosas más importantes de Castellano. Durante un ataque de una banda rival, le dispararon y perdió la memoria. Como consecuencia, me olvidó por completo. Una y otra vez intenté ayudarlo a recuperar sus recuerdos, pero cada intento terminó en fracaso. Un día, después de cerrar a su nombre un importante acuerdo de transporte de drogas con una organización extranjera, fui a verlo para entregarle el contrato. Por casualidad, terminé escuchando una conversación entre él y Sofía Rossi, su primer amor. —Elio, según nuestro trato, ya alcanzaste el nivel 98. Dos niveles más y me convertiré en la verdadera Donna de la familia Santoro. Sentí como si me arrojaran un baldado de agua fría. Así que su amnesia era falsa, y los siete años que pasamos juntos fueron una mentira. Desde el principio, todo esto no fue más que un cruel juego para divertir a su primer amor, y yo no era más que un juguete. Poco después, sufrí un accidente de tránsito cuando iba de camino a reunirme con Sofía. Elio se lanzó al fuego como un demente. En el momento en que vio mi cadáver calcinado, perdió la razón.
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Me Convertí En El Tesoro De Otro

Me Convertí En El Tesoro De Otro

Mi hermano adoptivo Mateo Alves y yo mantuvimos un romance secreto durante diez años. El día que decidimos hacerlo público, él recibió una misión de infiltración en Kinsyn, una tarea casi suicida. La noche antes de partir, me abrazó y prometió: —Si regreso con vida, te haré una boda espléndida, nunca nos separaremos. Por él, rompí con mi familia. Esperé como una tonta, convirtiéndome en el hazmerreír de toda la alta sociedad. Tres años después, él regresó. Pero volvió desacreditado, cargado de deudas, arrodillándose ante mi padre como un pobre insecto. Dijo con palabras firmes: —Papá, le prometí a Antonella cuidarla el resto de su vida. Detrás de él, una chica llamada Antonella Flores se escondía con las manos apretadas sobre su vientre embarazado. Mi padre me miró instintivamente. Todos esperaban que enloqueciera, que armara un escándalo, pero solo sonreí y acepté en el acto el anillo de compromiso que me ofreció ese heredero decadente y fracasado. El día del banquete de compromiso, Mateo estrelló su auro contra la entrada. Empuñando una pistola, rugió: —¡Ximena Silva, si te atreves a casarte, lo mataré!
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El Imperio Siempre Fue de Mi Madre

El Imperio Siempre Fue de Mi Madre

Estaba al frente de una reunión internacional importantísima cuando, de pronto, recibí una llamada de Dora Guerra, mi hermana menor. Al otro lado de la línea, Dora lloraba tanto que apenas podía hablar: —Me robaron el cupo de intercambio… Fui de inmediato a la universidad. Al llegar, vi a Dora acorralada en una esquina de la oficina, con los ojos enrojecidos. Frente a ella, una chica con pinta de buscapleitos la señalaba con el dedo, llena de desprecio. —¿Crees que puedes competir conmigo? Soy la hija de la familia Guerra de la capital. Mi papá acaba de donarle a esta universidad todo un edificio de laboratorios. ¿Y tú quién te crees? Hasta Ricardo Navarrete, el profesor de la materia, se puso de su lado: —Dora, Marcela es hija de una de las familias benefactoras más importantes de la universidad. Sé razonable y no nos metas a todos en problemas. Yo estaba a punto de acercarme para exigir una explicación, pero aquellas palabras, "la familia Guerra de la capital", me detuvieron en seco. ¿La familia Guerra de la capital? ¿Desde cuándo mi papá tenía una tercera hija además de Dora y de mí? Marqué de inmediato el número de mi papá y, con una risa fría, dije: —Papá, dime una cosa: ¿desde cuándo tienes otra hija a espaldas de mamá?
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