Vientre de Luna: El hijo del Alfa
En cambio, su voz llega fría, cargada de suficiencia.
—Es él quien me tiene que proteger a mí.
La frialdad de su respuesta me hierve la sangre, y mi loba interna gruñe con fuerza, queriendo reclamar el lugar que me corresponde. Aprieto los puños y, sin pensarlo dos veces, le lanzo un desafío directo:
—No, una verdadera Mate también da la vida por su compañero.
Mis palabras son un dardo directo, y por primera vez veo un destello de algo que podría ser duda cruzar sus ojos. Pero lo disfraza rápidamente con una risa burlona.