Golpes del destino
Reanimación y Revelación
El portazo de la entrada principal resuena en la gran mansión. Máximo irrumpe en la casa, su rostro una máscara de ansiedad. El pánico le aprieta la garganta desde que la niñera llamó, avisando que Kaitlyn se ha desmayado. A su lado, su amigo y socio, Gustavo, intenta mantener el ritmo, con la mano extendida hacia el hombro de Máximo, buscando calmarlo sin éxito.
“¡Máximo, detente un poco, hombre!”, implora Gustavo, tratando de alcanzar la velocidad desmedida de su amigo.