Una Esposa para el Príncipe
Lo sé… en ese momento… tú ganas, y él te dejará libre…
Vi cómo él agachó la cabeza, y apretó la mandíbula.
—Hablaremos de eso mañana con más precisión, ¿de acuerdo? Solo, no llegues tarde, porque quiero aprovechar cada segundo de tu compañía…
El príncipe dio unos pasos hasta que tuve que alzar la cabeza para mirarlo, y tomando mi mandíbula, se acercó para besarme.
—No olvides que nos tenemos el uno al otro… y que ya eres parte de mí… Mi Alana…
Odié como mi corazón recibió esas palabras, y al siguiente segundo, cuando parpadeé, él ya no estaba en la habitación.