Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró
Ella alzó la vista para mirarlo, sintiendo una mezcla de sentimientos.
—Todo eso ya pasó —dijo esas palabras, con calma
Pretendía que ya no le importaba, pero él sabía que, en el fondo, su herida aún no había sanado.
—Celia, déjame contarte una historia.
Dicho esto, Alfredo apretó la taza que tenía en las manos, usando las letras A y B para referirse a dos compañeros de armas que pasaron penurias juntos. No eran hermanos de sangre, pero su vínculo era más fuerte que el de la familia.