COMPRÉ UN GIGOLÓ Y ERA UN BILLONARIO
Retribuí el abrazo, sintiendo aquel cuerpo pequeño y caliente contra el mío, y algo dentro de mí se apretó.
Una imagen parpadeó en mi mente. Rápida. Fugaz. Un test de embarazo en mi mano, dos líneas rosa vibrantes. Yo, años más joven, estaba celebrando, riendo, mostrando a un hombre a mi lado. Intenté ver su rostro, enfocar en los rasgos, pero estaba todo borroso, como si alguien hubiera difuminado la imagen propositalmente. Cuando intenté sostener la memoria, alcanzarla, jalarla más cerca, se disolvió como humo.