CONTRATO DE ACERO
¡Deja de huir de todo!
Ella lo observa, clavando sus ojos en los de él como si intentara grabar su rostro en su memoria. Durante un segundo, solo un instante fugaz, su alma asoma desnuda, temblorosa, herida… como una flor marchita que aún lucha por no caer. Vulnerable. Perdida.
Pero entonces, como si una tormenta la atravesara por dentro, se recompone. El hielo vuelve a ocupar el lugar del fuego. Su expresión se endurece. El muro vuelve a levantarse, más alto, más cruel.