Un jefe irritante e irresistible
Su nerviosismo es evidente, y él saborea cada segundo.
— Solo ten en cuenta una cosa, rubiecita — su voz baja, casi un susurro provocador, la intimida —. Durante esta semana, yo seré tu jefe. Será mejor que no me lleves la contraria.
Marina intenta mantenerse firme, pero las palabras de él la golpean de lleno. Se siente desafiada, como si cada palabra fuera una prueba.
— No se preocupe, señor Ferraz. Sé muy bien cómo ser profesional, y espero que usted también lo sepa.