EL FAVOR DEL CEO A LA ASISTENTE VIRGEN
Por ello, quería intentar no enamorarse de su jefe, como un modo de protegerse del dolor.
—¿Es qué, Cami? Me gustas, me gustas mucho. Quiero escuchar que me lo pides porque lo deseas —y entró por completo un seno en su boca, mientras succionaba y su mano ya recorría su abertura—. ¿Lo deseas?
—Sí, sí, lo deseo mucho —dijo ella, olvidada de todas las precauciones que tomaba para no sucumbir a los encantos de su jefe, sin saber que ya lo había hecho.