El Velo de la Venganza
nacieron del mismo veneno: la ambición y crueldad de un solo hombre.
—Cree que lo hizo todo a la perfección —escupió Leonardo con rabia contenida.
—Cree que, como estoy lisiado, acabado, ya no represento una amenaza. Que puede manejarme como quiera.
—No. Se equivoca —dije, mirándolo a los ojos.
—Leonardo, desde hoy, tu enemigo también es el mío.
—Y juro que haré que lo pierda todo. Que viva peor que muerto.