EN LA CAMA DE MI ENEMIGO
—Nate —habla, pero ya he comenzado a penetrarla, la llevo a los muebles de la sala, las palabras son remplazadas por gemidos.
Toca el piso y la giro, su espalda queda contra mi pecho, ella toma mi cabeza y me besa, la guio para que se arrodille en el mueble y tomo cintura, mi miembro encuentra su entrada, me hundo en ella una vez más, beso su espalda con suavidad, apoyo uno de mis pies en el mueble y comienzo a moverme en ella con fuerza, se sostiene del espaldar del mueble, sus gemidos erizan la piel de mi cuello; sus rubios cabellos caen en su rostro. Lo muevo hacia un lado para tomar sus labios, el sonido obsceno de nuestros cuerpos uniéndose una y otra vez se escucha en la habitación y s