El Secreto De Los Deseos
Cada habitación de la casa se convirtió en un set.
Para la hora de la cena caminaba con las piernas abiertas, el coño palpitando y el semen seco en capas sobre mis muslos. Cenamos desnudos en la mesa: él me daba bocados de pasta mientras yo estaba sentada sobre su polla, moviendo las caderas lento, con la tele del salón reproduciendo nuestros mejores momentos.
Después lo empujé sobre la alfombra frente a la chimenea, me subí encima y lo monté cara a cara, lento y profundo, con la luz del fuego bailando sobre nuestra piel sudorosa.