La bestia de la bella
— Y hermosa, bella, a mis ojos eres la mejor, tu cuerpo me enciende de maneras impensables, no sabes cuánto te deseo
Angeles miro a Columbus fijamente sonriendo, descendió quedando arrodillada frente a la entrepierna de su alfa, tomando su ya erecto miembro con sus manos, Columbus sintió sus manos calientes sin poder reaccionar, solo pudo gemir alto, la omega lamia y chupaba con esmero hasta introducirlo por completo en su boca, gimiendo al sentir como el alfa temblaba con su felación
—Eres increíble Angeles
—¿Lo estas disfrutando?
—No tienes idea, en estas situaciones no eres un angel, eres un demonio completo