El Humo De La Sirena Que Amó Al Alfa
Yo era una princesa del mar. En cuanto vi a Dominic, el Alfa de los lobos, caí rendida ante él.
Quería ser su pareja, ser parte de su mundo. Por eso le entregué todo lo que yo era a la Diosa de la Luna.
Pero él me encerró en la sala de aislamiento de la manada por tres días. Según él, para que “pensara en lo que había hecho”.
Todo porque no corrí a ayudar a su amiga de la infancia, Harper. Se dejó caer en el banquete de la manada y todos los presentes se carcajearon.
Harper lloró y se refugió en los brazos de Dominic.
—Marina ha de tener celos de lo bien que me tratas. ¡Seguro usó su magia de forastera para hacerme caer frente a todos!
Mientras me encerraba, la cara de Dominic reflejaba una gran decepción.
—Te he consentido mucho, Marina. Y ahora usas mi amor como un arma contra mi manada. Te quedarás aquí tres días. Cuando hayas aprendido la lección, me buscas por el enlace mental y te disculparás. Entonces te dejaré salir.
La sala de aislamiento estaba diseñada para limpiar espíritus.
Pero él no sabía la verdad.
Quemar salvia solo limpia el espíritu de un hombre lobo. Pero para una sirena, es veneno.
El humo me quemó los pulmones. El veneno inundó mis venas.
Me asfixié en esa habitación sellada. Y nadie se dio cuenta jamás.