El Imperio Siempre Fue de Mi Madre
Estaba al frente de una reunión internacional importantísima cuando, de pronto, recibí una llamada de Dora Guerra, mi hermana menor.
Al otro lado de la línea, Dora lloraba tanto que apenas podía hablar:
—Me robaron el cupo de intercambio…
Fui de inmediato a la universidad. Al llegar, vi a Dora acorralada en una esquina de la oficina, con los ojos enrojecidos.
Frente a ella, una chica con pinta de buscapleitos la señalaba con el dedo, llena de desprecio.
—¿Crees que puedes competir conmigo? Soy la hija de la familia Guerra de la capital. Mi papá acaba de donarle a esta universidad todo un edificio de laboratorios. ¿Y tú quién te crees?
Hasta Ricardo Navarrete, el profesor de la materia, se puso de su lado:
—Dora, Marcela es hija de una de las familias benefactoras más importantes de la universidad. Sé razonable y no nos metas a todos en problemas.
Yo estaba a punto de acercarme para exigir una explicación, pero aquellas palabras, "la familia Guerra de la capital", me detuvieron en seco.
¿La familia Guerra de la capital?
¿Desde cuándo mi papá tenía una tercera hija además de Dora y de mí?
Marqué de inmediato el número de mi papá y, con una risa fría, dije:
—Papá, dime una cosa: ¿desde cuándo tienes otra hija a espaldas de mamá?