La amante de mi jefe
—No te recomiendo que me hables en ese tono, soy tu jefa también —declaró, acortando la distancia entre nosotras.
—Y entonces, ¿qué es lo que desea mi jefa? —sonreí con ironía—. Pero se le olvida algo, señorita. El señor Eduardo es mi jefe, es quien me da un sueldo y me contrató. No vi su rostro cuando él me entrevistó, y ni siquiera me advirtió que tendría tres jefes. Hasta donde sé, el señor Eduardo y el señor William son los principales líderes de esta empresa y de todos los empleados.
—Soy su prometida, que no se te olvide, insolente —recalcó—. Y en cuanto sea la esposa de Eduardo, te sacaré de patitas a la calle. Veremos qu