Oí a Mamá Muerta y Cambié Mi Destino
Paul Vargas y yo nos desmayamos al mismo tiempo cuando un balón de básquetbol nos golpeó en la cabeza.
Cuando desperté, de pronto oí la voz de mi mamá fallecida.
—Mi niña, no vuelvas a dejarte engañar por Paul. Ese muchacho solo finge que perdió la memoria para manipularte y quedar bien con Margarita.
Me quedé helada.
Miré a Paul, que acababa de despertar, y lo escuché preguntarme:
—¿De qué familia eres tú?
—Mi niña, dentro de poco tu papá te va a pedir que elijas a un niño para que sea tu hermano mayor. Esta vez no elijas a Paul. Elige a Antonio. Aunque siempre pone esa carita seria y se la pasa llevándote la contraria, cada vez que van a las prácticas de campo, él carga tu cantimplora a escondidas.
Antes de que pudiera reaccionar, tal como había dicho mi mamá, mi papá se acercó con varias fotos de niños en la mano.
—Mi niña, todos ellos son huérfanos, hijos de héroes caídos. Estoy pensando en adoptar a uno para que sea tu hermano. Elige tú. De ahora en adelante, él será parte de nuestra familia.
Esta vez no dudé.
Señalé directamente a Antonio Maldonado.
—Lo elijo a él.