La Esposa Forzada del Mafioso
Sus manos se aferraron a mis caderas con una necesidad abrumadora, guiando mi movimiento, elevando el ritmo a una velocidad furiosa.
Éramos la pareja de poder. En la guerra, él tenía la última palabra; pero aquí, fundidos en un mismo cuerpo, la última palabra era nuestra pasión.
Nos movimos como un único torrente, el placer explotando entre nosotros, fundiendo el pasado de guerra, el presente de familia, y el futuro de dominio.
El clímax nos dejó sin aliento, unidos en el sillón de cuero, con el fuego de la chimenea proyectando sombras sobre nuestros cuerpos enredados.