Antídoto
En mi vida anterior, había entrado a revisar a Adrián y él me había arrastrado brutalmente a la cama.
Y Rosa, pensando que era consensuado, se había marchado sin intervenir.
Luego vino el embarazo, el matrimonio forzado…
Creí que éramos almas gemelas, pero fue solo el comienzo del infierno.
Me odiaba por haberlo «obligado» a casarse, separándolo de su verdadero amor. Me ignoraba, dudaba de la paternidad de nuestros hijos y les prohibía acercarse a él.