Me explota el corazón cada vez que pienso en lo difícil que es pedir ayuda cuando la vida pesa demasiado; por eso quiero darte pasos prácticos y claros que he usado y recomendado a amigos en crisis.
Si sientes que puedes hacerte daño ahora mismo, actúo sin dudar: llamo al número de emergencias de mi país (por ejemplo 911 en Estados Unidos o 112 en buena parte de Europa) o me dirijo a urgencias del hospital más cercano. En Estados Unidos existe la línea 988, que atiende llamadas y chats de crisis; en Reino Unido e Irlanda está Samaritans al 116 123. Para otras regiones, la «International Association for Suicide Prevention» y «Befrienders Worldwide» tienen listados de líneas locales y chats que puedes consultar en sus webs. También en España está el «Teléfono de la Esperanza» como recurso de apoyo emocional.
Si no es una emergencia inmediata, busco apoyo profesional: urgencias de salud mental, atención primaria para derivación a psiquiatra o psicólogo, o servicios de salud mental comunitarios. Muchas ciudades ofrecen atención psicosocial pública y organizaciones sin ánimo de lucro con atención telefónica o por chat. Mientras tanto, intento no quedarme solo, hablo con alguien de confianza y reducimos el acceso a elementos que podrían facilitar el daño. Me reconforta saber que pedir ayuda es un acto de valentía; puede ser el primer paso para empezar a respirar mejor.