FRAUDE MATRIMONIAL
Le propuse matrimonio y, aunque no por amor a mí, ella me aceptó.
En ese instante, experimenté una auténtica explosión de dicha. Mis anteriores amoríos nunca tuvieron un efecto como ese, como aquella emoción y alegría que me golpeó cuando ella aceptó volverse mía por ley. Me casé con ella por las dos leyes del hombre, para que fuese mía en todo sentido y aspecto, pero no me bastaba eso, así que la hice firmar otro contrato conmigo, donde la posibilidad de un divorcio quedaba atada a mi elección absoluta, para descartar con ello por completo el temor a que ella en algún momento decidiese irse de mi lado.
La amaba demasiado, a un nivel absolutamente delirante, que ella interpretaba como obsesi