Porque soy tuya
Me aferro a las caderas de italiano, Izan maneja a toda velocidad, las luces de los semáforos que hemos pasado me ponen alerta; pero él grita que todo estará bien y que solo viva esta noche, una que será para los dos.
Llegamos aún tramo abandonado en Greentown, escucho música a todo volumen, hay personas bebiendo, drogándose y pasándola bien. Veo a lo lejos a Hugo que sostiene en sus piernas a la zorra de Alene, apenas la mujer me ve, me saca el dedo del medio y le devuelvo el gesto.
—Hugo se ha burlado de Misa—le susurro a Izan en el oído.