La Esposa Rebelde del Despiadado Italiano
Él sabe que debo irme, yo siento que quiero quedarme, pero la vida dispone que es momento de cerrar viejas heridas y dejo entonces que mis dedos resbalen entre los suyos, como si fuera ese último adiós que me niego a decirle, porque sé que siempre estaremos juntos, a pesar de lo que exige el tiempo.
—Entonces ya está, hagamos como que nunca pasó. Voy a hacer lo que me pides —declaro—, y si no me detienes... no volveré, Mascherano, ni aunque me ruegues de rodillas. No volveré a ser tu esposa, ni tu prisionera, ni nada tuyo, ni volveré a...
'Amarte', la fuerza interna no me da para prometer lo último.
—Te dejo ir, pequeña —se aleja con los ojos convertidos en un incendio forestal clavados en l