LA ASISTENTE DEL MAFIOSO
¿Damien, aceptas a Irina como tu esposa, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu vida?
Damien miró directamente a mis ojos con determinación.
—Sí, acepto. Prometo amarte y respetarte todos los días de mi vida, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad. Eres mi amor, mi vida y mi todo.
Mi corazón se estremeció, llenó de felicidad y gratitud al escuchar sus palabras. Era un juramento sagrado, una promesa que sabía que él cumpliría hasta el final de los tiempos.