La esposa prohibida del CEO
—Te amo, Anya, si estuve ciego, olvídalo, porque ahora y por siempre, viviré para adorarte de pies a cabeza.
Ella sonrió.
—¿Eso es un juramento, señor Carrigan?
—Es un juramento de amor —aseveró, mirándola
Anya acarició su rostro.
—¿Lo juras por la luna? Si lo juras por la luna, será eterno, así como estoy segura de que la luna siempre girará alrededor de la luna.
Él sonrió.
—Lo juro por la luna, te amaré hasta mi último aliento.