ENCUENTROS FURTIVOS
Descubrí mi propia cura tras esa declaración ajena y recordé bien claro lo que ese hombre llamado Carlos, mi amante nocturno y casi desconocido, me hizo sentir la noche anterior en nuestro segundo encuentro.
¿Y qué recordé en específico? No precisamente la frase Te Amo, porque entre nosotros —por lógica— aún no existía. Sino toda mi novedosa experiencia con él. Las palabras de mi jefe me hicieron pensar en aquel, porque... Santo Cielo… ¡Dios! Por fin pude explicar sus formas de poseerme, la insistencia de un nuevo encuentro, sus miradas mientras se adueñaba de partes de mí tan importantes, su dedicación hacia mi cuerpo, mente y bien segura, el chute amoroso que derramó —una noche antes— sobr