La Hermosa Obsesión del CEO
Esa noche, el único testigo de su reencuentro fue la luna, que iluminó la piel de los amantes, dándole un color más misterioso y apetecible que los motivaba a continuar con el jugueteo, renovando sus fuerzas en cada temblor y espasmo, en cada explosión de placer que los torturaba y a la vez los llevaba a la locura.
Sus bocas susurraron incontables: «te amo» y sus cuerpos lo demostraron. Se fundieron incansablemente, entregándose entre pasión y lágrimas, entre caricias tiernas y miradas dulces que derretirían el corazón más frío.
Frida al despertar, acarició el colchón vacío, buscando el cuerpo de Román, temiendo que la noche anterior hubiera sido un sueño, pero el dolor en sus muslos y el