Seis Años y Aún Me Debes un Amor
Adentro se encontraba un chal de una seda vaporosa y suavecita, de un color gris plata que despedía un brillo perlado bajo los reflectores.
Se veía lujoso pero sin ser pretencioso, con ese toque clásico que nunca falla.
Además, era lo suficientemente grande como para cubrirla desde los hombros hasta las rodillas, dándole la seguridad que tanto le faltaba.
Junto a la seda, había una tarjeta blanca con una sola palabra: "Póntelo."
La caligrafía era impecable, con trazos fuertes y decididos, sin ninguna firma.