EL DESEO DE AMARTE
—Bueno, la verdad, en cualquier momento llega mi esposa… —comienza a hablar, y lo miro entrecerrando mis ojos—, está bien, vivo solo, soltero, sin hijos y sin mascotas, tristemente.
—¿Por qué tristemente? —pregunto por curiosidad.
— Pues, viajo mucho… Mis trabajos son momentáneos en ciertos lugares, y sé que cualquier persona no haría esas cosas por otra… Tengo que encontrar a la indicada al igual que a la persona —responde encogiéndose de hombros, sonriendo divertido.
—¿En qué trabajas? —pregunto mirando cómo él cambia el televisor, deteniéndose en el canal de noticias para mirarme y responder.